¿Quién ordena los libros cuando se apagan las luces? En el corazón de Santiago, la cultura chilena descansa sobre un antiguo cementerio de monjas que no han encontrado la paz.
Hay lugares donde el silencio es señal de respeto, y otros donde es señal de miedo. En la Biblioteca Nacional de Santiago, la línea es difusa. Si alguna vez te has quedado estudiando hasta tarde en la Sala Medina, habrás notado que el aire cambia cuando cae el sol. No es solo el olor a papel antiguo y madera barnizada; es la sensación eléctrica de que, entre los miles de tomos, hay lectores que no respiran.
Caminar por sus pasillos vacíos es escuchar el eco de tus propios pasos… y a veces, los de alguien más que te sigue a una distancia prudente.
El hábito hace al fantasma
Los funcionarios de la biblioteca lo saben, pero pocos hablan de ello abiertamente. No se trata de ratones ni de corrientes de aire. Se trata de libros que vuelan.
Mauricio Vázquez, auxiliar de la biblioteca, vivió el horror en primera persona. Su relato es de esos que te quitan las ganas de hacer horas extra:
“Eran las 19
horas y estaba limpiando el piso en el subterráneo… Estaba solo. De pronto me doy vuelta y veo a la monja sentada en un escritorio. No hacía nada, se limitaba a estar sentada, toda vestida de blanco, hábito y velo, rostro joven y marmóreo. Tomé el trapero y salí corriendo”.
No es una alucinación aislada. Otra encargada reportó ver cómo una pila de libros se desplomaba con violencia “vertiginosa”, impulsada por manos invisibles. La entidad parece tener una obsesión con el orden —o el desorden—, comportándose como una bibliotecaria eterna y furiosa.
Ruidos en la Hemeroteca
Quienes trabajan cerca de la sección de Referencias Críticas aseguran escuchar risas. No son carcajadas alegres, sino ecos secos que rebotan en la acústica perfecta del edificio. Es un fenómeno clásico de “impregnación”, similar a lo que ocurre en el Hospital San José, otro edificio de Santiago cargado de dolor y muerte.
La teoría es simple pero escalofriante: cuando construyes un templo del saber sobre un cementerio, no puedes esperar que los muertos se queden callados.
Datos Históricos y Referencias
¿Por qué hay monjas en una biblioteca laica? La respuesta está bajo tus pies.
- El Origen: El terreno donde hoy se alza la Biblioteca Nacional pertenecía originalmente al Monasterio de las Monjas Clarisas.
- La Profanación: Para construir el edificio actual (inaugurado en 1925, aunque fundado en 1813), se tuvo que demoler el convento. Durante las excavaciones, se encontraron los restos óseos de las religiosas, que tradicionalmente eran sepultadas en los muros o bajo el suelo del propio claustro.
- La Leyenda: Se dice que el traslado de estos restos no se hizo con el debido respeto ritual, provocando que el espíritu de una de las novicias quedara atado al lugar, confundiendo las estanterías modernas con las celdas de su antiguo hogar.
La próxima vez que vayas a pedir un libro y no lo encuentren, no culpes al bibliotecario. Quizás la Monja Clarisa lo está leyendo. ¿Te atreverías a quedarte encerrado una noche aquí?