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Casa de las Muñecas: La promesa fúnebre de Valparaíso

Portal Paranormal
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En la ciudad puerto, cientos de ojos de plástico vigilan a los transeúntes. ¿Es una colección excéntrica o un ritual para traer a alguien de vuelta?

Valparaíso es una ciudad de escaleras infinitas y arquitectura melancólica, pero en la calle Cajilla, la melancolía se torna perturbadora. No es necesario conocer la historia para sentir el escalofrío: cientos de muñecas, descoloridas por el sol y la sal del mar, te observan desde el balcón, las ventanas y el techo.

Para los turistas, es una curiosidad instagrameable. Para los vecinos, es una zona de paso rápido. Sentir que te siguen con la mirada no es paranoia cuando tienes mil ojos apuntándote.

Muñeco con traje azul en un balcón de una casa

Una promesa más allá de la muerte

Detrás de la fachada de pesadilla hay una historia de dolor paterno. Luis Arredondo, dueño de la propiedad, no es un coleccionista excéntrico por capricho. En 2013, su hija Josefina del Carmen falleció, dejando un vacío imposible de llenar.

La instalación no es decoración; es un santuario. Luis prometió a Josefina que exhibiría sus muñecas para que ella pudiera verlas “desde donde esté”. La habitación principal permanece cerrada con llave, preservada como un museo del duelo, esperando un regreso que la lógica niega.

Luis Arredondo entrevistado por CHV

¿Amor o Brujería?

Aquí es donde la historia se divide. Mientras algunos ven el acto de un padre destrozado, otros en el puerto susurran sobre intenciones más oscuras. Arredondo es conocido en la zona por sus conocimientos de tarotismo, lo que ha alimentado el rumor de que las muñecas no son solo tributos, sino recipientes.

La creencia popular sugiere que la acumulacion de figuras antropomórficas puede actuar como un faro para los espíritus, una técnica similar a la que se teme en el Cementerio de Playa Ancha, donde las tumbas olvidadas a menudo son objeto de rituales. ¿Está intentando traerla de vuelta?

Muñecas mirando por la ventana


Ubicación

Sea un acto de amor o de magia, la Casa de las Muñecas se ha convertido en una cicatriz visible en el rostro de Valparaíso.