Cincuenta cabezas gritando a la vez, cien manos lanzando montañas. Los Hecatónquiros no son monstruos, son desastres naturales con forma humanoide.
Imagina una tormenta. Ahora imagina que la tormenta tiene puños. En la mitología griega, antes de los dioses olímpicos bellos y perfectos como Apolo o Afrodita, el universo engendró horrores primordiales. Los más aterradores fueron los Hecatónquiros (Centimanos en latín): gigantes con cincuenta cabezas y cien brazos.
[!CAUTION] Nivel de Peligro: Cataclísmico (Arma de Dioses) No se enfrentan a humanos. Se enfrentan a titanes y montañas. Son la fuerza bruta desatada de la naturaleza (terremotos, tsunamis masivos).
Los Carceleros del Infierno
Eran tres hermanos: Briareo (el Vigoroso), Giges (el de la Tierra) y Coto (el Rencoroso). Eran tan abominables que su propio padre, Urano (el Cielo), se horrorizó al verlos nacer y los empujó de vuelta al vientre de su madre, Gea (la Tierra), causándole un dolor infinito.
Más tarde fueron encerrados en el Tártaro (el infierno más profundo). Solo fueron liberados por Zeus con una condición: que usaran su fuerza incalculable para ganar la guerra contra los Titanes.
Imaginen la escena: tres seres lanzando 300 rocas inmensas simultáneamente, una barrera de artillería viviente que sepultó a los antiguos dioses. Tras la victoria, se convirtieron en los carceleros del Tártaro, vigilando que el mal antiguo nunca escapara.
Anatomía Imposible
Su existencia desafía toda lógica biológica, situándose en el extremo opuesto de los Acephali. Mientras los Acephali provocan horror por la ausencia de cabeza, los Centimanos lo provocan por el exceso. Es el miedo al caos, a la mutación descontrolada, a la vida creciendo sin límites ni forma.
Quizás los antiguos griegos, al ver las olas romper contra los acantilados con mil “brazos” de espuma, o sentir la tierra temblar bajo sus pies, no tenían otra forma de explicar esa violencia que imaginando cien puños golpeando el mundo a la vez.