Si escuchas un "Tué-Tué" en la noche, no es un pájaro. Es un brujo que se arrancó la cabeza para vigilarte desde el cielo.
En el campo chileno, hay un sonido que hace que los campesinos se santigüen y cierren las ventanas: “Tué, tué… Tué, tué”. A simple vista, parece el canto de un ave nocturna. Pero la realidad es infinitamente más grotesca.
El Chonchón no es un animal. Es la cabeza viva de un brujo poderoso que se ha separado voluntariamente de su cuerpo para volar en la oscuridad.
[!CAUTION] Nivel de Peligro: Alto (Brujería Pura) Un Chonchón no es un espíritu errante; es un hechicero humano con inteligencia maliciosa. Si te ve, puede maldecirte (“ojearte”) o volver después en su forma humana para cobrar venganza.
Anatomía de una Pesadilla
Este mito es la inversión biológica perfecta de los Acephali. Mientras los griegos temían a hombres sin cabeza, los mapuches temen a cabezas sin cuerpo.
El proceso de transformación es digno de una película de horror corporal (“Body Horror”):
- El Ungüento: El brujo se aplica una crema mágica en el cuello que disuelve la conexión entre la carne y las vértebras.
- El Desprendimiento: La cabeza se separa, dejando el cuerpo inerte en la cama.
- Las Alas: Las orejas crecen desmesuradamente hasta convertirse en alas membranosas parecidas a las de un murciélago, permitiéndole volar.
Trampas Mágicas
La gente del campo ha desarrollado métodos ingeniosos para combatir esta amenaza aérea:
- La Invitación: Si escuchas el “Tué-Tué”, grita: “¡Ven a tomar sal mañana!”. Al día siguiente, si alguien toca a tu puerta pidiendo sal o azúcar, ese es el brujo. Estás obligado a dársela, o la maldición caerá sobre ti.
- El Sello de Salomón: Dibujar una estrella de seis puntas (hexagrama) en el suelo o extender un chaleco al revés obliga al Chonchón a caer.
- La Tijera Abierta: Dejar tijeras abiertas en forma de cruz corta su vuelo mágico.
Pero ten cuidado. Si logras derribar uno, nunca, bajo ninguna circunstancia, lo mires a los ojos. El brujo recordará tu cara.