La Premonición de mi Hermana Pequeña: El Bebé
Cuentan que los niños tienen una conexión especial con el más allá. Lo comprobamos cuando mi hermana de 3 años le dijo algo horrendo a mi tía embarazada.
Se dice comúnmente en la fenomenología paranormal que los bebés y los niños muy pequeños tienen un canal sensorial abierto, un puente directo con el más allá que la adultez termina cerrando con el tiempo.
Para comprobar esto, un usuario en los foros de Reddit compartió una breve pero crudelísima experiencia familiar que ejemplifica perfectamente de lo que son capaces de ver las mentes más inocentes de la casa.
«Ocurrió hace muchos años atrás, cuando mi hermana mayor apenas era una diminuta niña de 3 años —relata—. Todo pasó durante una agradable tarde de domingo, cuando nos encontrábamos de visita familiar en la casa de la abuela.»
«Mi tía materna estaba radiante. Llevaba ya varios meses de un embarazo bastante avanzado, con una panza sumamente notoria debajo de su blusón rojo.»
«En un momento de la tarde, mi pequeña hermana balbuceó, corrió hacia mi tía y levantó sus bracitos, exigiéndole con insistencia berrinchuda que la recogiera en brazos para abrazarla.»
Los adultos, intentando manejar el berrinche infantil con toda la amabilidad posible, intervinieron.
«Mi madre se acercó rápidamente, y tratando de disuadirla le dijo con tono dulce: “No puede levantarte ahora en brazos, mi cariño… la tía tiene un bebé muy frágil en su barriga”.»
«Todos esperaban que la niña lo entendiera y se fuera a jugar. Pero en lugar de eso, mi hermanita se detuvo en seco. Su expresión juguetona se borró por completo y fue reemplazada por una mirada inusualmente seria, vacía y fría para alguien de su edad.»
«Clavando sus ojitos infantiles directamente en el abultado vientre de mi tía embarazada, y apuntándolo con su pequeño dedo índice, mi hermanita respondió fuerte y claro:»
”—¡Ese bebé está muerto!”
«Un silencio sepulcral, espeso e incómodo, cayó de inmediato sobre toda la sala de estar. Mi madre palideció y se asustó visiblemente por la crueldad de aquellas inusuales palabras.»
«Tanto mi tía nerviosa, como mi abuela, se apresuraron a calmar los ánimos y a confortar a mi madre. Le decían, entre risas forzadas, que todo estaba perfectamente bien, que solo era la chabacana imaginación de una niña muy pequeña, que probablemente no entendía en absoluto la gravedad de las palabras que estaba diciendo.»
Pero el cosmos a veces guarda verdades dolorosas, y las pronuncia a través de las bocas más inocentes de la casa, por crueles que parezcan.
«Bueno… el oscuro y verdadero trauma de todo este asunto —concluye el usuario, sintiendo un escalofrío en cada tecla— es que a la mañana del día siguiente, mi tía asistió angustiada a un ecógrafo de urgencia y a su revisión obstétrica en el hospital.»
«Los monitores silenciados y las caras rotas de los doctores lo confirmaron brutalmente. Tal como lo había sentenciado sin pudor la niña en la sala de estar el día anterior… el pequeño bebé dentro de su vientre maternal había dejado de latir. Estaba muerto.»
«Acepto que mi cabeza no puede procesarlo todavía. Se me ponen todos los pelos de los brazos de punta, como escarpias, de solo pensar y rememorar que este innegable contacto extrasensorial cruzó el umbral y destrozó la tranquilidad de mi propia familia.»