Parece un castillo de Disney, pero sus cimientos esconden la crueldad de los Sutherland y la caída mortal de una doncella que solo quería huir.
Con sus agujas cónicas y jardines versallescos, el Castillo Dunrobin es lo más parecido a un palacio de cuento de hadas que encontrarás en las Highlands. Pero no te dejes engañar por la arquitectura francesa. La Casa Sutherland tiene una de las reputaciones más oscuras de Escocia, famosos por ejecutar los brutales Highland Clearances (el desalojo forzoso de miles de inquilinos).
Esa crueldad no se limitaba a los campesinos; también se aplicaba en casa.
La Caída de Margaret
En el siglo XV, el Conde de Sutherland decidió encerrar a una hermosa joven en una habitación del ático. La identidad de la chica varía según la versión: algunos dicen que era la hija del propio Conde (Margaret), enamorada de un hombre “inadecuado” (Jamie Fenwick del clan rival Mackay); otros dicen que era una prisionera de guerra del clan Mackay a la que el Conde quería para sí.
Cualquiera sea el caso, el final es el mismo. Jamie logró trepar hasta su ventana con una cuerda para rescatarla. Margaret comenzó a descender, pero su padre (o captor) irrumpió en la habitación.
En lugar de intentar subirla, el Conde desenvainó su espada y, con total frialdad, cortó la cuerda.
Margaret cayó hacia su muerte sobre las rocas del patio.
La Habitación de la Costurera
Hoy, esa habitación se conoce como la Seamstress Room. Es el epicentro de la actividad paranormal del castillo.
- Lamentos: Se escuchan sollozos que vienen del techo, justo donde estaba la antigua ventana.
- La Dama Blanca: Visitantes en los jardines han reportado ver una mancha blanca cayendo repetidamente desde la torre, desvaneciéndose antes de tocar el suelo.
Datos Históricos y Referencias
- Clan: Sutherland (la familia noble más antigua de Escocia, pero tristemente célebre por los desalojos).
- Arquitectura: Remodelado en 1845 por Sir Charles Barry (arquitecto del Parlamento de Londres).
- Ubicación: Golspie, Sutherland.
Dunrobin es una visita obligada por su belleza visual, pero recuerda: esas fuentes y estatuas fueron pagadas, en parte, con la miseria de las Highlands. Y Margaret nunca ha dejado de caer.