En el barrio de Barracas, una iglesia neogótica esconde una historia de amor, celos y sangre. Dicen que si te casas aquí, tu matrimonio está condenado al fracaso.
La Iglesia de Santa Felicitas en Buenos Aires es una obra maestra de la arquitectura, pero pocos novios se atreven a caminar hacia su altar. La razón no es religiosa, sino trágica: el templo fue construido en honor a Felicitas Guerrero, una joven de belleza legendaria que fue víctima de uno de los femicidios más notorios del siglo XIX argentino.
La Tragedia de Felicitas
Felicitas era la “viuda más rica de la República” a los 26 años. Joven, millonaria y hermosa, tenía pretendientes haciendo fila. Pero cuando eligió a Samuel Sáenz Valiente, uno de sus antiguos amantes, Enrique Ocampo, no pudo soportarlo.
El 29 de enero de 1872, Ocampo la confrontó. “O te casas conmigo o no te casas con nadie”, le gritó antes de dispararle por la espalda y luego en el pecho. Felicitas murió tras horas de agonía.
La Maldición del Templo
Sus padres construyeron la iglesia justo detrás de la casona donde ocurrió el crimen. Sin embargo, la leyenda dice que el dolor de Felicitas impregnó la piedra.
- Matrimonios Malditos: Se dice que quien se casa en esta iglesia sufrirá infidelidades o desgracias, repitiendo el destino de la patrona.
- El Pañuelo: Cada 30 de enero (aniversario de su muerte), aparece misteriosamente un pañuelo atado a las rejas de la iglesia. Dicen que si lo tocas y está húmedo, son las lágrimas de Felicitas.
Actividad Paranormal
Los vecinos y cuidadores aseguran que las campanas de la iglesia a veces suenan solas por la noche, aunque nadie tenga acceso al campanario. También se reportan sombras de una mujer vestida de blanco que deambula por los jardines, buscando eternamente al amor que nunca pudo concretar.
Datos Históricos y Referencias
- Arquitecto: Ernesto Bunge.
- Estilo: Ecléctico con influencia alemana.
- Dato Curioso: Es la única iglesia de Buenos Aires con estatuas de seglares (Felicitas y sus hijos) en el interior, algo inusual para el canon católico.
Si pasas por Barracas y ves a una mujer llorando en la reja de la iglesia, no intentes consolarla. Probablemente lleva llorando más de 150 años.