Debajo de la Royal Mile de Edimburgo existe un laberinto de callejones congelados en el tiempo. Aquí, las víctimas de la peste fueron emparedadas vivas y una niña fantasma espera su muñeca.
Edimburgo es una ciudad vertical. Cuando caminas por la Royal Mile, estás pisando literalmente los techos de otra ciudad olvidada: Mary King’s Close. En el siglo XVII, este callejón era un barrio vibrante y superpoblado. Luego llegó la Peste Negra. Para contener la infección, las autoridades tomaron una decisión brutal: tapiar el callejón, encerrando a los enfermos (y a los sanos desafortunados) para que murieran en la oscuridad.
Siglos después, se construyó el edificio de la Bolsa (hoy Ayuntamiento) encima, sellando el callejón como una cápsula del tiempo llena de miseria y muerte.
Annie, la Niña Fantasma
La residente más famosa de este inframundo es “Annie”. En los años 90, una médium japonesa visitó el lugar y sintió un tirón en su ropa. Era el espíritu de una niña pequeña que lloraba porque había perdido su muñeca y sus padres la habían abandonado al morir.
La médium le compró una muñeca en una tienda cercana y la dejó en un rincón oscuro. Desde entonces, Annie dejó de llorar… pero pide más. Hoy, ese rincón es un santuario macabro: una pila de miles de muñecas, osos de peluche y juguetes dejados por visitantes de todo el mundo para consolar a la niña muerta.
El Último Residente
No solo hay víctimas de la plaga. Mr. Chesney, un habitante del siglo XIX que se negó a irse cuando el callejón estaba siendo demolido parcialmente, todavía se escucha. Los guías turísticos a menudo reportan el sonido de un serrucho y pasos pesados, como si alguien siguiera trabajando en su taller, ajeno a los turistas que pasan a través de su sala de estar.
Datos Históricos y Referencias
- Redescubrimiento: Abierto al público en 2003 tras siglos de ser solo un mito urbano.
- La Plaga: En 1645, la peste mató a la mitad de la población de Edimburgo. En Mary King’s Close, la tasa de mortalidad fue casi total.
Si visitas a Annie, lleva un regalo. Dicen que si vas con las manos vacías, podrías sentir un pequeño empujón en la oscuridad.